China en crisis demográfica: el Covid-19 y la economía ponen a prueba al país

China en crisis demográfica: el Covid-19 y la economía ponen a prueba al país
Demographic Decline in China

La República Popular de China, esa nación vasta en territorio y durante mucho tiempo considerada la más poblada del planeta, está viviendo un fenómeno demográfico sin precedentes. Por segundo año consecutivo, el gigante asiático ha reportado un descenso en su población, una tendencia que ha sembrado inquietud entre demógrafos y ha provocado un zumbido entre los expertos en política pública global.

El 2023 fue testigo de cómo las cifras, hasta hace poco inimaginables, se hicieron realidad. Tras décadas de un crecimiento poblacional vertiginoso, China enfrenta ahora el reto de una población menguante. ¿Cuál es el impacto de este cambio demográfico y qué significa para el futuro del país y del mundo?

El envejecimiento de la población china se ha acelerado, y la tasa de natalidad ha bajado de una manera que muchos calificarían de alarmante. Este fenómeno no es solo una consecuencia natural de la evolución societal, sino también el resultado de políticas gubernamentales históricas, como la controvertida política del hijo único, que limitó durante décadas el número de descendientes que una pareja podía tener legalmente. Aunque esta política se relajó, permitiendo dos y luego tres hijos por familia, el cambio llegó tarde y no logró revertir la tendencia.

Los desafíos que enfrenta China son monumentales. Una población en declive podría significar una fuerza laboral reducida, con menos jóvenes para soportar y cuidar a una población envejeciente. Además, las presiones económicas podrían intensificarse si se reduce la base de consumidores, lo que a su vez podría disminuir el crecimiento económico del país que alguna vez fue el motor del mundo.

Las implicaciones de estos cambios demográficos son extensas y se extienden más allá de las fronteras de China. La economía global, que durante mucho tiempo ha dependido del poder manufacturero y del mercado consumidor chino, podría enfrentar una nueva realidad. Las cadenas de suministro, la inversión extranjera, e incluso la geopolítica podrían verse afectadas por esta transición poblacional.

En respuesta a estos desafíos, el gobierno chino ha implementado una serie de políticas para incentivar la natalidad, incluyendo subsidios y beneficios para las familias con hijos. No obstante, el cambio cultural es difícil de instigar, y muchos jóvenes chinos, enfrentando el alto costo de la vida y las presiones laborales, están optando por posponer o renunciar a la paternidad.

Este descenso en la población es un recordatorio de que incluso las naciones más grandes y poderosas no son inmunes a los ciclos naturales y a las consecuencias de las decisiones políticas. La situación de China es un claro ejemplo de cómo las medidas de hoy pueden tener repercusiones duraderas y difíciles de prever.

El mundo observa con atención cómo China manejará esta etapa de su evolución demográfica. Con certeza, las decisiones que se tomen en los próximos años serán cruciales no sólo para el destino de sus 1.400 millones de habitantes, sino para el equilibrio económico y político global. El descenso de la población china no es solo una estadística, es un cambio de paradigma que podría redefinir el siglo XXI.